
Por pensar demasiado no escribo y eso no es justo ni bueno. No lo es porque debo haber dado la impresión de mujer constantemente sufriente, y no lo soy.
Si he de ser sincera, debo decir que me siento la mujer más feliz del mundo. Por eso mismo, pienso que muchas veces no he tratado con justicia a ese hombre que me llena de gozo, día a día.
Ambos estamos viviendo uno en función del otro, nuestra relación se estrecha cada día más, si cabe. Este accidente tan lamentable que lo tiene menoscabado, ha hecho que esté más cerca de mi, por más tiempo y con una relación de mejor calidad. Puede ser que el haber comprobado que siempre contará conmigo lo haya acercado, no sé bien. En cuanto a mi, sigo dispuesta a esperarlo el tiempo que haga falta y también a brindarle todo lo que necesite y esté a mi alcance.
Ahora no pido nada, porque lo tengo todo. Él me ha dado su corazón como yo tanto soñaba, y eso hace que me sienta en las nubes. Me siento honrada con su amor, con que se haya fijado en mi y espero estar a la altura de su confianza y a la profundidad de sus sentimientos.
A partir de ahora sólo me resta esperar para ver lo que Nuestro Padre nos tiene preparado. Confío en Dios y en mi hombre, porque sé que no me fallarán.
Hoy puedo escribirlo y gritarlo: ¡¡Soy inmensamente feliz!! y lo digo muy de corazón porque así lo siento dentro de mi pecho.
¡Gracias Dios mío, Gracias Felipe!





