
Ahora absorbo todos los trabajos y ocupaciones que surgen y que me es posible realizar, para no pensar en mi Felipe. Ocupo todo el día haciendo diversas cosas que me impidan que el pensamiento vuele. No quiero seguir sufriendo, no quiero ofrecerme más. Sé que él ha leído, que entiende, que piensa, pero no decide todavía. No es una cuestión fácil y menos en el estado de indefensión y de menoscabo en el que él se encuentra. Seguiré esperando un tiempo prudente, pero sospecho que mi amor es aquel hombre que me escribió en una página donde yo subo vídeos musicales, lo siguiente:
"Ya falta poco,
estoy tomando las decisiones,
no quiero sufrir,
quiero vivir y ser feliz"
¿Qué otro puede ser? El autor de esas palabras es un tal "cobardesinlimites".
Hoy estoy mal de ánimo. Estoy cansada, pero no es el cansancio físico lo que me agota, sino la incertidumbre. Yo necesito ser parte de su vida, saber de él. No en vano es mi marido virtual. Yo me lo tomo en serio, me voy "a la profunda" con eso, porque considero que con su consentimiento lo soy y sólo me falta oler, tocar y saborear para tomar posesión material de mi pareja.
Pienso y comprendo que si él quiere hablar conmigo, de cualquier modo, nadie se lo impedirá. Puede que me extrañe, pero las condiciones no deben ser las mejores. Mi única posibilidad sería si ella se aburre, se siente sobrepasada o se declara enferma. Claro que eso último no me acerca a él, me aleja.
Dios dirá. Tuve paciencia y la seguiré teniendo, pero no sé cuánta me queda...






