Reconozco que soy como el columpio, que voy p'arriba y p'abajo; que ando a veces a la deriva, pero lo que nunca cambia es que estoy enamorada y haría cualquier cosa para tener a mi hombre entre mis brazos... y mis piernas. Cualquier cosa, pero no brujería ni nada que se le parezca, porque un hombre sin voluntad no sirve pa´ na.
Este hombre es díscolo, voluntarioso, libertino, coqueto, sagaz y "perseguido", aunque no lo confiese jamás. Digo perseguido porque aunque dice "no ser celoso", lo es, pero no dice nada, sólo se venga y me castiga desconectándose, que para mi es como tener los servicios básicos cortados porque él es mi vida, mi preocupación y mi meta. Cuando regresa me lo insinúa diciéndome cosas como que yo lo paso tan bien sin él, que parece que no lo extraño y me revela la razón por la que se enojó.
Bueno, todo esto para decir que volví con Felipe. Me debería dar vergüenza pero no pesco. Yo amo a ese hombre. El viernes me conecté y al instante lo hizo él. No tardó nada en llamarme y dejó la cámara desenfocada para que lo oyera cantar que me ama, que me extraña y no puede olvidarme. Eso decían las letras de las dos canciones (que ya no recuerdo el nombre), una es internacional y la otra es de su folklore español. Ya las conocía yo porque me las había cantado antes.
Hoy estuvimos juntos, conversamos y aclaramos algunos puntos. No quiere que lo recrimine, me dijo, y eso lo dice porque le dije que me maltrataba cuando se taimaba y cuando me retaba. Al rato me dijo: "¿Ahora estás muda? ¿No hablas?" y le dije que no hablaba porque lo que para mi era importante a él no le interesaba. Abrió los ojos así tan grandes! y le dije: "Por ejemplo, el regalo de esa camilla para ti no fue nada y para mi lo fue todo ya que ha transformado mi vida y mi casa. Para mi era inalcanzable, sin embargo tú sólo dijiste que era igual que la que tú tenías, pero la diferencia es que la tuya es de madera". Se quedó callado. Con eso me doy por satisfecha porque acusó el golpe, dándose cuenta de su falta de tacto.
Aparte de eso, todo bien. Finalmente me preguntó si era capaz de "llegar" en 20 minutos. Le dije que si, que en diez, en cinco y hasta en uno ... jajajajajajaja
Nos amamos a nuestro modo, intensamente. Luego corrimos como en las películas antiguas y pronto vino el momento doloroso de la separación. Él me dijo. "Te me cuidas, eh?" y le dije que mejor se cuide él porque cada vez que dejo de verlo se enferma o le pasa alguna cosa delicada. Sonrió, tiró besos y se despidió.
Y aquí estoy otra vez llena de ilusión, en constantes arrebatos de amor y intermitentes ensoñaciones con ese hombre casquivano.




