No sé qué hacer con esta cagada de vida que llevo. Sé que la única que capitanea este barco soy yo, pero influenciada por las mareas y los vientos que corren. En cierto modo también depende de la pericia del capitán, de las características técnicas del barco y del tipo de energía que use para moverlo.
El mío no sé de qué modelo es. Debe ser del 52 SXX. En ocasiones se mueve con combustible, otras con vapor y las más, con velas. No llevo marineros, sólo un tripulante llamado corazón, una radio llamada conciencia y una brújula llamada sentimiento. HIdrato mi piel por fuera, con agua salada de las glándulas que van en la parte más alta de la estructura del soporte principal.
Y salgo por el mundo tratando de llegar a sus costas. De vez en cuando toca fondear, capear el temporal. Las olas a veces se portan agresivas con la vetusta pero aguerrida nave. Avanza dejando un estela visible en la que se lee muy claramente "te amo". Ondula, se mece con el viento, trepa por las olas, parece sumergirse, pero no lo hace. Es sólo la impresión de quien observa. Lleva buen curso.
El capitán está cansado, agotado. Ha debido lidiar con las velas. Los nudos a veces quedaron flojos y doble trabajo. Hoy tirará el ancla y quedará a la gira durante la noche. Decidió reponer fuerzas para determinar el destino final de la travesía. Mucho que evaluar y poco tiempo disponible. Entre pensar y dormir pasará el tiempo volando.
¡Que Neptuno me ayude!


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