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lunes, 19 de octubre de 2009

Lo miro, lo pienso ...

...y no sé cómo sobrevivo sin él. Es un bestia, un abusador, pero me subyuga.
Y no es que yo sea tonta o sea cobarde, nada de eso. Me destaco por ser temeraria y atreverme a hacer lo que pocos hacen, en varios aspectos de la vida. Esos aspectos en que todos le pasan la pelota a los demás, los momentos en que nadie quiere actuar o hacer algo, yo lo hago.
De tonta no tengo ni medio pelo, y eso es reconocido por todos, hasta por mis enemigos. Como todo no puede ser tan perfecto, hay cosas que dejo pasar por considerarlas irrelevantes, no dignas de mi total atención. En esos casos, cuando se dan, se me pasan algunas que a veces tienen cierta connotación, pero de cualquier modo, para eso están otros, ellos deben advertirlo. Yo me quedo con la supervisión y el control de lo macro para constatar de que funcione todo bien. De paso, voy detectando fallas, errores , omisiones y demases, que voy corrigiendo en el camino, para que todo ruede y fluya sin inconvenientes.
A mi pídanme que planee y haga ejecutar, pero no me pidan que yo haga, porque no me gusta perder la visión del conjunto.
Lo anterior se aplica a todos los asuntos de mi vida, incluso a mi vida amorosa.
Aquí se me presenta un problema: Yo planifico, ordeno y priorizo todo para que no hayan sorpresas o desencuentros y mi esposo virtual se siente perseguido y vigilado. ¡¡No me entiende!!
Yo lo único que deseo es verlo periódicamente, entonces, si yo no puedo estar, que lo sepa de antemano, que si él no puede, lo sepa yo a tiempo. De ese modo nadie pierde tiempo y no hay mayores motivos de peleas o discusiones. Para mi todo debe ser en armonía, debe ser seguro, firme y confiable porque no hay razón para estar en la incertidumbre sin necesidad.
Con esto no quiero decir que hasta el último paso debe ser programado, no, no es así. Hay cosas que simplemente no se puede, pero sí se puede y SE DEBE avisar cuando se sabe que no se vendrá. Es que el tiempo vale y no regresa jamás, por eso se debe medir, cuidar y planificar para hacer con él algo provechoso, y para eso hay tantas cosas que están a nuestro alcance y que nos permiten crecer. Hasta dormir es mejor que estar sentado/a esperando lo que nunca llegará.
Teniendo en cuenta esa manera de pensar que he tenido toda la vida, creo que es justo concluir que no hago nada malo cuando en ese espacio vacío de tiempo, tan largo, comienzo a pensar que puede estar chateando con otra haciendo uso de otro de sus tantos correos; que quizás está aburrido conmigo o que no me quiere. Me permito pensar que tal vez me encuentre fea para él, o que está en la buena con su mujer y en plena Luna de Miel.
Como nadie me dice lo contrario, pienso que no le importo y que le da igual que yo tenga pretendientes, que salga con otros, que me enamore, etc. Es que yo sé, que él sabe que estoy aquí, como santas pelotas, que debo esperar que llegue, almuerce, haga deportes y después cuando ha hecho todo, se siente a conversar conmigo.
¿No es eso un abuso? ¿En qué otra relación sana se dan encuentros como este?
A pesar de eso, aquí estoy pensando en él, viendo sus fotos y recordando lo que hacía cuando se las tomé a escondidas. Ese sí es un pecado, no avisarle de las fotos, pero él sabe que le tomo algunas porque me gusta y no me canso de mirarlo.
¿Verdad que estoy como para que me den unas buenas patadas por el trasero? Pueden dármelas, me las merezco.

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